Hace años que aprecio, disfruto y me atrevo con la cocina japonesa. Suelo visitar restaurantes japoneses muy a menudo además de cocinar algunos platos típicos con mejor o peor éxito. Normalmente suelo adaptar las recetas a los ingredientes disponibles ya que no siempre se puede encontrar o se dispone de determinados alimentos como es el caso de esta receta donde la col china la he substituido por col común, el mirin por vino blanco y los tallarines hokkien por tallarines frescos, aunque puedes usar cualquier tipo de tallarines. Otro de los aspectos que he modificado de la receta original es la carne, que en un primer momento se trataba de solomillo de cerdo y como no tenía en casa me he decidido por el pollo. Así mismo, en la receta original la carne no se maceraba si no que simplemente se salpimentaba pero eso supone que la carne quede dura y poco jugosa por eso he pensado que marinar la carne antes podía ablandarla. La marinada basada en soja, jengibre y vino se utiliza en múltiples platos japoneses, por lo que he creído que ese toque especiado podía cazar muy bien con el plato.
El resultado ha sido espectacular. El sabor recuerda a los típicos tallarines tres delicias de los restaurantes chinos, pero más delicado y con más matices, a parte de que la carne queda muy tierna y sabrosa. Muy recomendables!
Ingredientes para 2 personas
2 muslos de pollo
1 cebolleta grande o 2 pequeñas
1 zanahoria
100g de col
250g de tallarines frescos
2 cucharadas de agua
3 cucharadas de salsa de soja baja en sal
1 cucharada de salsa Worcestershire
1 cucharada de vino blanco
2 cucharaditas de azúcar
1/2 taza de brotes de soja
Una pizca de sal y una pizca de glutamato monosódico (se puede substituir por medio cubo de caldo de pollo que le dará más sabor)
Una cucharada de aceite de oliva para saltear las verduras
Una cucharadita de aceite de sésamo para aromatizar
Una pizca de shichimi (pimienta 7 sabores)
Para la marinada de carne
2 cucharadas de salsa de soja baja en sal
2 cucharadas de vino blanco
3 cm de raíz de jengibre rallada y exprimida
1 cucharada de azúcar
Una pizca de sal
Lo primero que vamos a hacer es preparar la marinada. Rallaremos el jengibre con un rallador fino y luego lo exprimiremos para extraer una cucharada de zumo que mezclaremos con la salsa de soja, el vino, el azúcar y la sal. Una vez la tengamos lista, deshuesaremos los muslos de pollo, le quitaremos el exceso de grasa, lo cortaremos en tiras finas y lo mezclaremos con la marinada. Con media hora o una hora será suficiente para que coja gusto, pero cuanto más tiempo esté marinando más tierna y sabrosa estará la carne.
Mientras marina, cortaremos en juliana fina la col, la cebolleta y la zanahoria.
Hervir unos minutos los tallarines en agua con sal y reservaremos. Hay que procurar dejarlos poco hechos porque con la cocción posterior se reblandecen más. Un truco para evitar que se peguen es hervirlos con un poco de aceite y después de hervidos parar la cocción bajo un chorro de agua fría. El agua se llevará el exceso de almidón y no se pegarán con tanta facilidad.
En una sartén honda o wok calentaremos una cucharada de aceite de oliva a fuego medio. Salteraremos las cebolletas y las zanahorias, cuando la cebolla se vuelva ligeramente transparente añadiremos el pollo. Cuando la carne cambie de color añadiremos la col y el resto de los ingredientes salvo el shichimi y los tallarines. Removemos con una cuchara de madera para que se mezclen bien todos los ingredientes y dejamos cocer algunos minutos. Probamos para rectificar de sal y otros sabores. Añadimos entonces los tallarines y napamos bien con las verduras y la salsa hasta que los tallarines adopten el color de la salsa, entonces retiramos del fuego y servimos con un poco de shichimi por encima.
Bon Profit!
